No hay una persona que pueda decir que no está retratado en la parábola del sembrador porque en ella se menciona todos los tipos de persona, dependiendo de nuestra forma de ser.
Aquel que no busca de Dios porque no lo conoce, no le gusta “esa vaina”, o tiene algún otro tipo de forma similar está presentado en el ejemplo de la semilla que calló en piedras.
Mientras que la semilla que cae en pinos es el que trata de conocer a Dios, pero tiene la mente puesta en las cosas que dejó, en el dinero que dejó de ganarse por estar en la iglesia, o que dice que en las actividades religiosas hablan demasiado, hace mucho calor, se sale muy tarde, no dan nada por estar ahí, no brindan nada, o cualquier otra cosa inferior o insignificante comparado al beneficio espiritual que recibimos.
No podemos ser como este tipo de personas ya que la palabra dice que hay que buscar de Dios para que lo demás venga por añadidura, y que debemos siempre de encargarnos de lo de él para que él se encargue de lo nuestro.
Mientras que la aspiración de todo cristiano es ser como la semilla que cae en terreno productivo y que de frutos con su comportamiento, su forma de ser, se ejemplo personal y el cumplimiento de la palabra. Pero también la de hacer que muchos otros sean ese tipo de semilla.
Y tu, ¿Cuál tipo de semilla eres? Reflexiónalo y trata cada día de cambiar para que cada día puedas dar frutos y ser recompensado cuando te toque dar cuentas.
